“La Historia del Universo”, el título podrá parecer presuntuoso, sobre todo cuando se trata de hacer un resumen de unos 13.800 millones de años, desde la explosión inicial que dio origen a nuestro Universo, conocida como el Big Bang. Trataremos de que no sea así. Mi intención es simplemente ofrecer al lector una narración lo más clara y sencilla posible de un tema trascendental que nos incumbe a todos. El siglo veintiuno es un siglo científico. Eso significa que es nuestro deber, como “ciudadanos” del Planeta Tierra, ampliar nuestros conocimientos sobre el Cosmos y reflexionar sobre cosas tan importantes como querer saber de dónde venimos y hacia dónde vamos. Ahora que el hombre ha salido de su cuna natal llegando a la Luna y se prepara para conquistar Marte y después otros Sistemas Solares de la Vía Láctea, no debemos permanecer sumidos en viejas creencias o dejarnos dominar por el materialismo actual. Démonos un tiempo para reflexionar y pensar que somos parte integral de un Universo en constante expansión y que es inherente al ser humano preparar el camino del conocimiento sobre este tema a las generaciones futuras. A menudo los astrónomos y los astrofísicos, sumergidos en un mundo de cifras, ecuaciones, cálculos y observaciones, se olvidan de que al ciudadano común le es difícil comprender su lenguaje y también adquirir los costosos libros de astronomía donde las informaciones que contienen son generalmente complejas y difíciles de entender. Este resumen, que he escrito basándome en los últimos descubrimientos dados a conocer en libros y revistas científicas europeas, va dedicado a las personas que desean adentrarse en el fascinante mundo de la astronomía, que cada día nos depara más y más maravillosas sorpresas. Antes de la creación del Universo, hace unos 13.800 millones de años, no existían ni la materia, ni el tiempo, ni el espacio. Para los creyentes sólo existía Dios. Los astrofísicos han llegado a la conclusión de que el Universo surgió de la llamada “energía del vacío”. Explican que en esa inmensa “nada” aparecían súbitamente minúsculas “burbujas” de energía que luego desaparecían. Hace unos 13.800 millones de años, una de esas “burbujas”, extremadamente condensada y muchísimo más pequeña que un átomo, estalló repentinamente. Esa explosión, el Big Bang, desató una temperatura altísima, y desde ese instante el Universo se fue extendiendo, creando al mismo tiempo el espacio y el tiempo. Al expandirse, su temperatura empezó a descender y en ese “magma” primitivo surgieron las primeras partículas elementales de materia que lo fueron poblando. En astrofísica, energía y materia son la misma cosa. Durante sus primeros instantes, el Universo era una especie de “plasma”, muy denso y caliente, compuesto de cuarks y anti cuarks (materia y antimateria) que se inhibían entre sí, quedando un excedente de cuarks. Éstos, que son los elementos más pequeños en que se divide la materia, se combinaron con nuevas partículas elementales para terminar formando átomos de hidrógeno y helio, los dos elementos principales que componen el Universo. Tres minutos después del Big Bang, la temperatura descendió a unos mil millones de grados Kelvin y el Universo siguió enfriándose y expandiéndose. Posteriormente, el Universo se “estabilizó” y quedó, en un 99%, compuesto por dos tercios de hidrógeno y un tercio de helio. Unos 380.000 años después de la explosión inicial, y al seguir bajando la temperatura, los fotones –que son las partículas que transportan la energía en forma de luzse liberaron y salieron disparados en todas direcciones. El Universo, que hasta entonces era opaco, se tornó luminoso. Unos cincuenta millones de años después del Big Bang, al continuar descendiendo la temperatura, en esa especie de “sopa” cósmica, ya casi fría, empezaron a aparecer “oasis” de calor (formados por grandes concentraciones de gas y polvo) que se fueron convirtiendo en “viveros” de Estrellas. Son las Nebulosas. Allí se engendraron las Estrellas, que se fueron reuniendo en Galaxias, Cúmulos (varios millones de Galaxias) y super Cúmulos (varios miles de millones de Galaxias).
¿Qué es el Sentido de la Vida? Existen muchos filósofos y psicólogos de distintas teorías que se han dedicado a escribir y argumentar sobre el sentido de la vida. Siempre desde sus perspectivas han aportado sus pensamientos propios, pero todos han concordado que el sentido de la vida reside en tener un propósito. Además podemos asociar sentido con dirección, es decir, un rumbo, ir hacia un lugar. Por último, no podemos dejar de mencionar que distintas religiones se han preocupado por el sentido de la vida, dependiendo de las creencias y los valores de la misma. De todas maneras, en este artículo nos enfocaremos más en la visión psicológica del sentido de la vida. ¿Para qué nos sirve encontrar el sentido de la vida? El sentido de la vida nos brinda una vida más plena. ¿Por qué? -Activa nuestras emociones -Nos fortalece el autoestima -Nos da seguridad -Valoramos más lo que hacemos -Nos ayuda a conocernos -Permite ayudar al otro -Genera relaciones más profundas Cuando podemos visualizar el sentido de nuestra vida nos sentimos que valemos y que ocupamos un lugar importante en el mundo. No somos uno más, sino que somos quienes venimos a cumplir con esa misión o propósito. El sentido de la vida nos brinda una dirección, nos marca el camino a transitar. Podríamos decir entonces que encontrar el sentido de nuestra vida es como encontrar una caja de acuarelas para poder colorear nuestra existencia. El sentido nos da importancia y nos empodera. Nos permite contactar con nuestras emociones más profundas y relacionarnos con los otros de manera auténtica. ¿Cómo encontramos el sentido de la vida? No se trata de encontrar EL sentido de la vida, sino de vivir CON sentido nuestra propia vida. Muchas personas quieren encontrar sentido en sus vidas obteniendo algo material u externo, cuando en realidad la experiencia y las teorías demuestran lo contrario. El sentido de la vida es algo individual en cada ser humano. Dicho esto, no hay una sola forma de encontrarlo. Aunque sí podemos decir que nace desde nuestro interior y para luego expresarse afuera. Por ejemplo: Ayudando a los otros. Encontrarlo no significa aferrarnos a él. El encontrarlo significa que estamos viviendo en armonía con nosotros mismos. Introspección Ahora puede surgir la pregunta de cómo buscar en nuestro interior el sentido de la vida. Para que esto no quede en un lugar abstracto de la mente, proponemos formas de hacer introspección a la hora de encontrar nuestro sentido en esta vida. - Hacernos preguntas, aunque no tengas una respuesta inmediata. - Observar nuestras emociones y sentimientos. - Hacer ejercicios de conexión corporal. Por ejemplo: Yoga o Tai Chi. - Hacer ejercicios de respiración, relajación y meditación. - Prestar atención a nuestros sueños - Estudiar sobre temas que nos interesen auténticamente. - Usar nuestra imaginación creativa. - Ir a terapia psicológica puede ayudar. El sentido de la vida y la salud La salud y el sentido de la vida estan estrechamente relacionados. El sentido de la vida nos da salud física, mental y espiritual. La consciencia que nos aporta el sentido de la vida hace que la mente y el cuerpo se puedan conectar. El sentido de la vida nos libera de sentimientos de angustia e incertidumbre que nos pueden enfermar. No es que no se pueda vivir sin sentido, siempre hay momentos en los que uno se puede sentirse un poco perdido. A veces está bien estar perdido para volver a encontrarse. Incluso podríamos decir que es parte del proceso. En ese encontrarse nuevamente es donde contactamos con nuestra autenticidad y vuelve nuestra vitalidad. La angustia, como dice la palabra, hace de los caminos más angostos, mientras que el sentido nos da apertura, nos brinda posibilidades de vivir. Es por todos estos aspectos que el sentido de la vida es tan importante, ya que si queremos una vida completamente plena y saludable, no podría carecer de sentido. El Sin Sentido o La Inercia Cuando el sentido no puede ser sentido, valga la redundancia, es que nos guía la simple inercia, caminamos por caminar, comemos por comer, trabajamos por trabajar y hasta respiramos por respirar. La vida pierde el encanto de ser vivida. ¿Existe un solo sentido de la vida? ¡No, claro que no! El sentido es dinámico, o sea, este puede cambiar a lo largo de nuestra vida. No nos tenemos que encasillar. Conclusión Para alguien que está buscando el sentido de la vida, ya sea en un momento de crisis o de profunda introspección, este artículo explica que esa búsqueda es de suma relevancia. La vida es diferente si la vivimos con sentido. Le damos un valor a todo lo que nos sucede que permite el crecimiento personal e individual.