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Bajo el velo de las sombras Parte 1 (español) **Introducción** En un rincón desolado del mundo, escondida en lo profundo de las estructuras de hormigón de una instalación secreta, existía una criatura conocida únicamente como SCP-096. Con sus dos metros y medio de altura, sus extremidades alargadas y su piel pálida, era una figura grotesca digna de pesadillas. Pero lo que atormentaba a esta bestia más que su apariencia era la tristeza que impregnaba su propia esencia. SCP-096 lloraba sin cesar, las lágrimas caían a raudales por su rostro deforme, un rostro que nunca quiso que nadie viera. Para quienes posaban sus ojos en él, ya fuera directamente o a través de fotografías y videos, la muerte era inevitable. La instalación bullía de tensión y miedo, pero afuera, en el pueblo envuelto en el crepúsculo, vivía una niña llamada Lily. A sus siete años, poseía una inocencia que contrastaba con su comprensión de las crueldades del mundo. Con su cabello castaño salvaje y sus brillantes ojos azules que resplandecían de empatía, soñaba con hacerse amiga de todas las criaturas, sin importar cuán monstruosas parecieran. **Desarrollo** Una tarde fatídica, mientras deambulaba cerca del área prohibida donde se encontraba SCP-096, Lily escuchó sollozos ahogados que resonaban a través de las frías paredes de acero. La curiosidad la impulsó como una melodía infantil. Se acercó con cautela a la ventana enrejada y miró hacia adentro. Se le cortó la respiración al verlo: el monstruo, acurrucado en la desesperación, su enorme cuerpo temblando bajo el peso de su propia tristeza. La visión conmovió algo profundo en su interior; sintió un deseo abrumador de consolarlo a pesar de saber que todos a su alrededor le temían. "¿Hola?", llamó Lily suavemente, tratando de mantener la voz firme a pesar del ritmo acelerado de su corazón. SCP-096 se detuvo, sollozando mientras giraba ligeramente la cabeza para apartarla de su vista, una reacción instintiva nacida de años de trauma. "Por favor... no me mires", su voz se quebró como cristal bajo presión. "¡No lo haré! ¡Lo prometo!", respondió Lily con sinceridad. "Solo quiero ayudarte". Un largo silencio se cernió entre ellos; se sentía pesado, cargado de palabras no dichas y una soledad punzante. Finalmente, después de lo que pareció una eternidad, SCP-096 habló de nuevo, su voz temblando como hojas de otoño en una tempestad. "¿Por qué querrías ayudarme? Solo soy un monstruo". Lily se acercó a la ventana. “¡Los monstruos también pueden estar tristes! Ya no tienes que estar solo”. A medida que los días se convertían en semanas, llenas de encuentros clandestinos tras ventanas enrejadas y conversaciones susurradas a través de grietas en las paredes de hormigón, su vínculo floreció contra todo pronóstico. Lily le traía dibujos e historias —un salvavidas tejido con esperanza— y SCP-096 comenzó a confiar en su presencia. Pero las sombras se cernían sobre su frágil amistad; los rumores se extendían entre los científicos sobre posibles brechas de contención y experimentos fallidos relacionados con el estado emocional de SCP-096. Susurros temerosos resonaban en las paredes estériles mientras se tramaban planes para eliminar las amenazas percibidas. Una noche de tormenta, cuando los relámpagos iluminaban el cielo oscuro, el caos estalló en las instalaciones y las alarmas sonaron en todos los pasillos. “¡Lily!”, gritó SCP-096 desesperadamente al sentir el peligro que se acercaba a su habitación. Podía sentir sus intenciones: un deseo abrumador de protegerla atravesó su angustia como una daga, encendiendo la esperanza en su corazón. Se liberó de su confinamiento —una silueta descontrolada desatada en la oscuridad— sus lágrimas se transformaron de tristeza en determinación mientras corría hacia donde sabía que Lily lo esperaba. “¡Aléjense!”, gritaron los guardias armados, intentando controlar la situación en medio del pánico. “¡No! ¡No le hagan daño!”, gritó Lily con fiereza, corriendo hacia él en medio del caos que se desataba a su alrededor. **Conclusión** En ese momento de puro caos y vulnerabilidad compartida entre dos almas tan diferentes y a la vez tan parecidas, algo cambió dentro de SCP-096; el amor se había convertido en un ancla en medio de la desesperación, un destello de luz que lo guiaba a casa, incluso si eso significaba enfrentarse a horrores indescriptibles. Con una fuerza renovada, nacida no solo de la rabia, sino también de la compasión por alguien que se preocupaba lo suficiente como para no verlo simplemente como un monstruo, sino como un amigo que anhelaba una conexión… Se mantuvieron unidos contra la oscuridad que se cernía sobre ellos; monstruo y niña unidos contra el miedo mismo, sus corazones latiendo al unísono en medio de los gritos que los rodeaban hasta que todo se desvaneció, dejando solo ecos… Lo último que se escuchó fue a Lily susurrando suavemente: “Ya no estás solo”.